Estas pasadas vacaciones Breanna Mitchell visitó el campo de concentración de Auschwitz. Y pensó que era una buena idea inmortalizar el momento en un colorido selfie donde lucía su bonita sonrisa. Al poco de compartir la foto en sus redes se convirtió en trending topic mundial. Y así Breanna, una anónima chica estadounidense, fue la tonta de guardia de unos cuantos soleados días de agosto. La insensible Breanna, la comehamburguesas sin cerebro que frivoliza con el exterminio de millones de personas.
Me compadezco de Breanna, todo el mundo se siente en el derecho de juzgarla, aunque solo la conozcan por una puñetera foto. Un mal día lo tiene cualquiera; si hicieran públicos los momentos más cuestionables de la vida de cualquiera de nosotros, probablemente el resultado sería bastante patético. Y más cuando los verdaderos prejuicios suelen estar con frecuencia en los ojos que miran.
