
Estamos rodeados de espejos; los libros, las películas, Facebook, el smartphone, nuestra cara, la cara de los demás,… cualquier soporte comunicativo es un espejo, donde a veces nos reconocemos nítidamente, otros nos vemos simplificados e incluso deformados, y otras elevados hasta nuestra mejor versión.
En una red social estamos rodeados de gente y la comunicación fluye sin parar en todas las direcciones, lo que sobre el papel definiría un escenario idílico de relación. Pero sin embargo, los estudios muestran como un porcentaje estimable de personas sienten soledad, ya que probablemente es lo que ellas ven al reflejarse en ese espejo.
La comunicación entendida como emisor-receptor-mensaje es tan cierta como insuficiente. Define la macrocomunicación, pero apenas roza el corazón de nuestras relaciones; las dinámicas microcomunicativas. Pasa igual que con la macroeconomía, hace un diagnóstico preciso del país, pero no explica, ni mucho menos entiende, lo que ocurre en nuestros bolsillos.








