“A robar a Sierra Morena”, el dilema del cine online

chat-bandolerosEl bandolerismo, tal y como todos lo conocemos, ha existido en España desde siglos atrás. No en vano, ya desde el Siglo I a. C., un lugar clásico para bandoleros y salteadores de caminos era Sierra Morena, llegando incluso a acuñarse en su momento en el argot popular aquello de “a robar, a Sierra Morena”.

Pues el váyase “a robar a Sierra Morena” lo han entonado esta vez los poderes legislativo y judicial en nuestro país -Gobierno y Jueces- y lo han hecho frente a los que durante tiempo, y de manera impune, compartieron o auspiciaron que otros compartieran, sin autorización de sus legítimos titulares, contenidos audiovisuales en Internet.

Varios y muy acertados posts en este blog han analizado en las últimas fechas y desde muy distintos puntos de vista el cierre de sitios web como Seriespepito o Peliculaspepito o el cambio de estrategia de una plataforma de referencia como Series.ly, que apenas un día después del cierre de las anteriores webs, anunciaba a bombo y platillo que eliminaría todos sus enlaces que incumplieran la nueva legislación en materia de propiedad intelectual. Una legislación, por otra parte, que poco cambia el status quo jurídico actual y que ni tan siquiera ha entrado en vigor todavía. Pero la cascada de cierres y retiradas no queda ahí. Un día más tarde, alertado por el mismo estupor mediático, el portal Magnovideo echaba también el cierre, dejando un poco más vacío el panorama audiovisual online español.

Y la marcha sigue y desde más allá de nuestras fronteras veíamos cómo la célebre web de enlaces ‘The Pirate Bay’ se tornaba inaccesible esta misma semana tras una redada policial en Estocolmo en la que la policía sueca confiscaba los servidores del portal, por violación de derechos de autor. Si lo anterior supiese a poco, Google eliminaba también varias aplicaciones del Play Store basadas en ‘The Pirate Bay’, en concreto, The Pirate Bay Proxy, The Pirate Bay Premium, The Pirate Bay Mirror y PirateApp; todas las cuales ofrecían el contenido de The Pirate Bay optimizado para versión móvil.

Pero no es éste el primer hachazo histórico al audiovisual ilegal online. El primer gran caso mediático en pasar a mejor vida fue el de Megaupload (y Megavideo) hace casi ya dos años. Megaupload fue clausurada en su día no por permitir a sus usuarios almacenar contenidos en la nube, como afirmaban hacer, sino por establecer un sistema parasitario e infractor de derechos de propiedad intelectual bajo una falsa apariencia de legalidad. Es decir, el problema del caso Megaupload era que la actividad de ésta no se circunscribía, como hacían ver, a proveer servicios de alojamiento de archivos, sino a generar por medio de una serie de artificios técnicos, un catálogo de contenidos protegidos para ponerlos, posteriormente, a disposición del público a través de Internet, permitiendo su acceso (y lucrándose), a través de páginas de enlaces o de buscadores, que realizaban la labor de indexación de esos contenidos.

Este matiz era importante por la relevancia y participación de Megaupload en la compartición de los contenidos. Megaupload no sólo permitía a sus usuarios compartir contenidos, sino que realizaba la labor misma de compartir. Megaupload no era un mero prestador de servicios de alojamiento o almacenamiento de datos, sino que facilitaba de manera activa el intercambio de los mismos.

Y de aquellos barros, estos lodos. La reforma de la Ley de Propiedad Intelectual aprobada en España recientemente por el Gobierno, y que entrará en vigor en 2.015, se acuerda con la intención de reforzar las potestades de la Comisión de Propiedad Intelectual, a la que se le permitirá actuar frente a las web de enlaces que tengan como principal actividad facilitar la localización de contenidos ofrecidos ilícitamente de forma notoria.

Además se dotará a dicha Comisión de mecanismos de reacción frente a aquellos sitios web que no cumplan voluntariamente con los requerimientos de retirada de contenidos vulneradores de los derechos de autor, incluyendo la estrangulación económica de las páginas web infractoras, además de establecer la posibilidad de imponer sanciones económicas de hasta 600.000 euros.

Y antes de que nada de esto entrase en vigor, la Policía Nacional arrestaba a los dos administradores Seriespepito y Peliculaspepito, por presuntos delitos contra la propiedad intelectual, por poner estas web a disposición de los usuarios contenidos protegidos por derechos de autor sin la autorización de sus titulares, estimándose sus beneficios en más de un millón de euros en los últimos tres años, los cuales procedían principalmente de dos vías: la publicidad y las cuentas premium que pagaban sus usuarios.

Sea cual sea el motivo que haga que unos cierren (The Pirate Bay, Megavideo, Seriespepito, Peliculaspepito o Magnovideo) y otros cambien de estrategia (Series.ly), lo cierto es que todos estos pequeños adoquines no son más que el inicio de una carretera jurídica que tiene que servir para que los ansiados modelos audiovisuales online legales operen en la deseada normalidad e igualdad de condiciones. Los primeros adoquines para que los senderos de tierra y polvo por los que campaban a sus anchas los bandoleros de Sierra Morena se conviertan en un camino digital legal en el que las normas y las consecuencias sean claras para unos y otros. Para que se extingan las excusas de bandoleros, de titulares de derechos arcaicos y de operadores económicos desfasados de las necesidades del consumidor.

PD: Ser innovador (audiovisual o no) no significa necesariamente ser transgresor, significa aportar ideas nuevas respetando el trabajo de los demás, o al menos así lo entiendo yo.

@AlexTourino

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8 comentarios en ““A robar a Sierra Morena”, el dilema del cine online

  1. Pingback: simpleNewz - Innovación Audiovisual RSS Feed for 2014-12-12

  2. Alex, amigo ante todo.

    Siempre me sorprende la ingenuidad que demostráis los abogados y toda la industria cada vez que hay un supuesto “hachazo” al acceso de los contenidos tenidos por ilegales.

    Hace ya treinta años que el El País publicó un célebre reportaje titulado “La piratería acaba con la industria discográfica” (http://elpais.com/diario/1984/12/09/cultura/471394805_850215.html). ¿Nos damos cuenta? Internet no existía como opción de consumo, la música y la industria musical – que no es obligatorio que exista, como no es obligatorio que exista la alfarería o el negocio de los aguadores o el transporte a caballo – siguen existiendo. Y, lo que es evidente, es que la piratería también.

    ¿Se cerró Megaupload? ¿Quieres decirme que no hay nuevos ciberlockers? ¿Que no hay gente que se monta servidores en Azure para saltar la geolocalizacion de Netflix y verlo en Madrid?. ¿Se ha cerrado Pirate Bay? ¿Cuántas veces ha resucitado ya? ¿Sabes que Eztv, uno de los mayores alimentadores de torrents que figuraban en PirateBay ya está publicando otra vez? ¿Quieres decirme que no hay más sitios para compartir torrents? ¿Que no aparecerán otros? ¿Sugieres, acaso, que no aparecerán nuevos sistemas y servicios encriptados para intercambiar archivos? ¿Conocemos la Ley de Kryder (esa que nos recuerda a la velocidad de duplicación de la capacidad de memoria, de doce a dieciocho meses) y que nos llevará a poder llevar toda la historia del cine en un disquito que cabe en el bolsillo en pocos años? ¿Nos damos cuenta de que si no es online la gente compartirá discos? ¿Es hora de recordar que Napster murió y el intercambio siguió? ¿Nadie recuerda que en las búsquedas de Google siguen apareciendo las notificaciones de retirada de enlaces y que clicándolas se llega al enlace en forma de texto?.

    Pirate Bay esparció de modo distribuido todos los trackers de los torrents (yo soy uno de los que los ha bajado). Como todos sabemos, no hay nada que puesto en bits sea detenido de aparecer y reaparecer. Así que volveremos a otro episodio de acción-represión antes de la obviedad final: la tecnología impone unos medios de trabajo y producciòn. Los que quieren ganar dinero con sistemas de entretanimiento (decir cultura es muy, pero que muy fuerte) irán cambiando sus sistemas y, por supuesto, contratarán abogados para que los gobiernos legislen a su favor como comprobamos cada semana.

    No, la piratería no se va a terminar. Ni la gente que comparte y distribuye archivos digitales.

    La cuestión aquí va mucho más allá de que el productor de El Señor de los Anillos piense que le roban (y, desde luego, decir que el dinero que han facturado las webs de enlaces recién cerrradas o retraídas hacen temblar a la industria produce sonrojo y vergüenza ajena). No vamos a hablar de los que consiguen viabilidad gracias a las dádivas públicas. Esto va de qué hace la sociedad con el conocimiento y la creación. El precio que impone la industria del entretenimiento para su presunta supervivencia (ahí siguen Universal y tantos otros) es muy alto en términos de avance social y de protección de libertades y derechos fundamentales, por no hablar de lo que es la tasa a la creación por sí misma. Y este es el debate social.

    Como siempre, un abrazo y lamento que no nos veamos en persona más veces, tienes comida a mi cuenta en cuanto lo consigamos.

    P.D.: ¿por qué nunca recordais las legislaciones holandesa y suiza que permiten las descargas de particulares?

  3. Pingback: Hace 30 años que El País dijo que la industria musical estaba acabada: al hilo de la caída de Pirate Bay, Series Pepito… | Pulsiones

  4. Pingback: Bitacoras.com

  5. Gonzalo, amigo, como soy más de comer que de pelear, aceptaré esa invitación. Por lo demás no puedo estar más en desacuerdo contigo. No leerás ni escucharás de mis palabras el apocalipsis creativo de la mano de la piratería. Seré ingenuo, pero sí me parece razonable que quien crea un contenido pueda decidir sobre su futuro. Abogo por modelos innovadores, no por modelos parasitarios. Propón fecha y lugar y prometo no hablar de Derecho.

  6. Por resumir mi opinión. ¿Ahora le van a poner puertas al campo? Que sí, que la piratería está mal, es muy fea, hace que los creadores pierdan dinero… Wait. ¿Los creadores o la industria que se ha lucrado de los creadores?.

    Como dice Gonzalo, si hace 30 años ya copiábamos las cintas de cassette, los VHS, y ahora la gente descarga, o ve, o escucha online los contenidos sin pagar por ellos, no creo que vayan a conseguir poner puertas al campo ahora. El hábito hace al monge, y a ver quién es el guapo que le quita el hábito.

    Esto es una simple respuesta de la desmedida codicia de cierta industria que ha estado multiplicando los beneficios año tras año hasta la llegada de Internet. Desde hace años tenían la oportunidad de elegir aprovechar el nuevo medio, o luchar contra el. Eligieron luchar contra él y ahora llevan dos décadas de retraso y han empezado a ver como tienen menos beneficios que antaño.

    Que pongan las leyes que quieran, que encarcelen a quien quieran. Esto es una revolución digital y, o se suben al carro, o no habrá legislador que les proteja eternamente. Un dato. En un año Wuaki.tv tiene casi 2 millones de subscriptores. Hay formas de hacer las cosas bien, y otras de legislar para beneficio de los dueños del antiguo mundo audiovisual y musical.

    Al tiempo…

  7. Estoy de acuerdo en una cosa. La legislación no ha de servir para proteger intereses (de personas o industrias), sino derechos. Y el que crea un contenido, ostenta un derecho, un derecho a decidir cómo quiere difundir ese contenido. Pero ha decidirlo él, no otros por él. Si el titular de un derecho decide distribuir sus contenidos de una determinada manera y los usuarios no lo quieren de esa manera, ese contenido se perderá, pero no es justificación que no me guste la forma de distribuir de su titular, para que lo coja sin su autorización y lo consuma a mi antojo.

    Bienvenidos sean Wuaki y muchos más como Wuaki, que permitan al usuario optar y acceder a contenidos atractivos en formas atractivas y a precios atractivos, porque lamentablemente a fecha de hoy pocas opciones tenemos los usuarios para acceder a los contenidos que queremos y como queremos, ni tan siquiera pagando.

    Tres medidas: educación en el valor del intangible; legislación y sanciones adecuadas; y modelos de negocio atractivos.

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