Un proyecto Transmedia que comprende un blog en el que más de 80 firmas sacamos nuestras ideas a pasear, un foro mensual, un grupo de colaboración y un podcast
En los últimos días estamos asistiendo al nacimiento de nuevos canales digitales, canales que salen con toda la ilusión puesta en una hoja de ruta, que se supone muy estudiada en cuanto a los contenidos y en cuanto a la estrategia comercial.
Algunos de estos canales están trabajando con acuerdos con otras majors para emitir contenidos ya producidos y emitidos en otros países; otros canales están focalizando su contenido en formatos factual, tanto de producción internacional como producidos en casa y todos ellos están dedicando o quieren dedicar parte de su parrilla a los contenidos de marca, al branded content.
Esto último que os cuento está sucediendo con los nuevos canales pero también lleva sucediendo en los canales históricos, a veces con más acierto y otras veces con menos acierto. Por su lado, las televisiones autonómicas también están intentando dar un giro en su programación y en la forma de gestionar sus dineros, y ven en el branded content una manera de cubrir parrillas y generar ingresos. Sigue leyendo →
Supongo que todo el mundo conoce esta anécdota apócrifa (o igual debería decir de protagonistas desconocidos, pues por estadística es probable que alguna vez haya sucedido). Cuentan que una madre primeriza se presentó muy preocupada ante el pediatra, con su criatura en brazos. El bebé ya tenía más de dos años y la mujer estaba desesperada: el niño aún no había dicho ni una palabra.
El médico se recostó en su sillón y observó durante un rato al paciente, que ajeno al interés que despertaba, gorgoteaba y lanzaba patadas y manotazos a cuanto objeto se ponía a su alcance.
El médico, con gran solemnidad, tranquilizó a la mujer diciéndole: “Señora, puede usted estar tranquila. Su bebé está perfectamente. Antes o después, todos aprenden a hablar. ¿O acaso conoce usted a algún adulto que no lo haga?”
La anécdota acaba aquí. El mensaje resulta evidente: más pronto o más tarde, todo el mundo aprende a hablar (salvo que exista alguna disfunción grave, que por fortuna es en la minoría de casos).
Con esto en mente, pasemos por un momento a otro punto.
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A menudo nos olvidamos de que cuando hablamos de audiovisual, nos referimos a una pieza que está constituida por eso mismo: por sonido e imagen, que comparten importancia a partes iguales. Esto es algo que, aunque parezca evidente, la mayoría de la gente suele ignorar.
En este mundo en el que vivimos en el que, por poner sólo un ejemplo, Youtube es el segundo buscador online; parece que el sonido no resulta tan relevante.
Cuando se habla de la importancia del audio, a veces se tiene la sensación de que se hace para acallar las quejas de los profesionales que se dedican al mismo, como si del hermano pobre se tratara. Y no, no es así.
A menudo olvidamos que el oído es un órgano sensible de gran sutileza. Si nos centramos en una película, la construcción del universo sonoro aporta una riqueza de matices a la que difícilmente la imagen podría lograr por sí sola. Si alguien lo duda, que realice la prueba: visione cualquier película que considere “buena” y reduzca el volumen a cero. ¿Resultado? La película nos parece mucho peor.
En primera instancia podríamos pensar que eso se debe a que, al no captar los diálogos, nos perderemos parte de la trama. No es así. El llamado “cine mudo” ya había resuelto de un modo magnífico un discurso visual pleno, en el que no hacían falta ni cartelas explicativas, (De hecho, lo habían resuelto mucho mejor que muchas de las producciones de hoy en día).
Lo que verdaderamente ocurre cuando prescindimos del audio de una película es que despreciamos eso que se denomina “el universo sonoro” del film. Sí, por supuesto está la banda sonora, aunque sobre todo lo que se echa en falta es ese conjunto de sonidos ambientales que envuelven al espectador y que, gracias precisamente a la naturaleza del sentido auditivo, suelen penetrar de un modo inconsciente en la mente del espectador.
Si hacemos este simple experimento comprobaremos el verdadero valor del sonido.
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A lo que íbamos (y retomando la anécdota inicial de este post): el sonido es importante, y todo el mundo, antes o después aprende a hablar.
Vivimos en un mundo de imagen, aunque también es un mundo de marcas. Mi reflexión apunta en esa dirección. ¿Podemos extrapolar lo dicho anteriormente y pensar que todas las marcas, antes o después, aprenderán a hablar?
Imaginemos que sí.
El problema no es tanto si, como temía la madre primeriza, las marcas aprenden a hablar o no, sino cómo lo hacen. Fijémonos que el pediatra no entra en matices respecto a la calidad de lo dicho ni a la capacidad comunicativa del discurso de los parlantes.
Se puede hablar y no decir nada (aunque como nos recuerda la PNL, siempre comunicamos), o peor aún, decir algo de tal manera que se tergiverse, no por mala intención sino debido a una expresión deficitaria.
Tengo la sospecha que durante mucho tiempo las marcas no han hablado por sí mismas, sino a través de interlocutores, intermediarios o traductores. Me explico, las marcas (los anunciantes), han recurrido siempre a agencias de publicidad para que éstas elaborarán su discurso y lo hicieran atractivo.
No estoy hablando de que profesionales del sector les ayudaran a expresar con propiedad aquello que querían comunicar, sino a que, directamente, les han cedido su voz a terceros, pensando que la voz de estos era mejor que la propia.
No hay dos marcas iguales, como no hay dos personas idénticas, (parecidas sí, pero no iguales). Dicen que “el diablo está en los detalles”, y es precisamente ahí donde tenemos que buscar la identidad y la verdadera naturaleza de la marca.
Hace poco tuve ocasión de evaluar un spot realizado por una gran agencia de publicidad para una marca de prestigio internacional. Mi respuesta fue tan breve como clara: “técnicamente es impecable, pero no representa a la marca para nada”.
Aquella era una pieza audiovisual realizada con todo tipo de medios y, como digo, con una factura excelente. (Espero que se entienda que mantenga los nombres en el anonimato, más aún cuando lo que quiero decir se entenderá igualmente).
El problema es que la técnica (el estilo, el storytelling, si se quiere), era un estándar. Sí, de gran calidad, pero un estándar aplicable a cualquiera y, por lo mismo, inútil para todos.
Aquel anuncio privaba a la marca de su propia voz, de su personalidad, y convertía al producto y la empresa en una figura más entre la multitud de marcas que se anuncian a diario.
Imagen de “The Buster Keaton Crowd” en el San Francisco Silent Film Festival. Photo de Tommy Lau
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El último ejemplo sobre lo que digo se me presentó hace pocos días, cuando vi el último spot de la Fundación “La Caixa”. Esta pieza forma parte la campaña “Imprescindibles”.
Vídeo oficial de la campaña “Imprescindibles”
Tratándose de una fundación con finalidades benéficas de corte humanitario, habiendo enfocado la campaña como un homenaje a aquellas personas que dedican su vida a ayudar a los demás, y habiéndose tomado la decisión de que sean los propios homenajeados quieres aparezcan en pantalla, parece que todo debería ir bien.
Es evidente que la idea original es dar voz a los miembros de las organizaciones, y a través de ese aporte de verismo, obtener mayor cercanía y credibilidad. (Eso no es un problema: se puede hacer un casting entre los participantes sin necesidad de recurrir a actores profesionales).
Aquí parece que tiene sentido que la marca (Fundación “La Caixa”) ceda su voz a terceros, o adopte como propia la voz de éstos. Hasta aquí no veo ningún inconveniente, pero…
Efectivamente: todo el que haya visto el spot se habrá dado cuenta de lo impostado que resulta el audio, algo que a mi entender elimina todo el potencial que tenía la propuesta.
Tan terrible como escuchar a alguien doblado (esa lacra que el mercado audiovisual español no logra quitarse de encima), digo, tan perjudicial como eso, resulta el darse cuenta de que la persona que nos habla no utiliza sus propias palabras: que recita, como un estudiante aburrido, unas líneas que otro ha escrito para él, y que no comprende, que no le importan o que, en el mejor de los casos, comparte pero nunca expresaría de ese modo.
Como decía el pediatra, todo el mundo, antes o después, aprende a hablar. Otra cosa es que lo haga con propiedad y con su propia voz. Puede que ése sea un primer paso a dar por las marcas, si quieren que el Branded Content que generen llegue a su público.
(Nota: las imágenes utilizadas se acogen al derecho a cita y sus propietarios aparecen debidamente acreditados)
En algunas ocasiones, las marcas se han lanzado a la piscina y se están dedicando a desarrollar contenido sin ninguna estrategia que les sirva de hoja de ruta y sin unos objetivos claros. En otras ocasiones, los objetivos y las estrategias son más claras pero tenemos serias dudas en cómo medir esto.
En el podcast de hoy hablamos en ondacro.com con Víctor Guerra del por qué de una estrategia de branded content y qué objetivos alcanzamos, y, por supuesto, cómo lo medimos.
Carlos Lirola publicó un post titulado ‘Un salto de fé’ donde se pregunta por los motivos por los que muchas veces una marca no entra en determinado proyecto aunque esté hecho a imagen y semejanza del anunciante. En ondacro.com hablamos con él sobre el lugar en el que radica el problema, que muchas veces tiene su germen o bien en el miedo por apostar por lo novedoso, en la falta de perspectiva del anunciante o en los que nos dedicamos a desarrollar este tipo de proyectos y los presentamos.
Hace un tiempo atrás, motivada por un proyecto que iniciábamos en mi oficina referente a la creatividad, me interesé en investigar los procesos creativos en el branded content, el resultado de ese trabajo se convirtió en una tesis de grado. La semana pasada, pensando en un tema para este blog, recordé aquel texto y me pareció un buen momento para compartir algunas de aquellas reflexiones con vosotros, en especial, el extracto de la entrevista al publicista Miguel Olivares
Mi reflexión de ese momento fue la siguiente: Si había un consenso en afirmar que el modelo clásico de la publicidad atravesaba una crisis en todos los sentidos, en credibilidad, cobertura, en inversión, en resultados; Si la publicidad se había visto obligada a evolucionar y dar un giro importante en la forma de comunicarse con su público, apareciendo por ello el Branded Content (aunque realmente existía hace mucho tiempo atrás) como una manera no invasiva de las marcas de entregar a los consumidores contenidos de entretenimiento y calidad, que sumase valor a la marca, logrando comprometer al usuario con el producto; Si había un cambio en los consumidores, en los medios, los soportes, ¿cambiaría también la forma en que las agencias concebían esta nueva publicidad? ¿Cambiarían los procesos creativos tras los cuales se gestaban estas campañas branded content? Estas fueron las preguntas que me motivaron a reflexionar y a querer investigar sobre este tema.
Uno de los medios favoritos para desarrollar una acción de Branded Content es sin duda la televisión. Ésta, gana por goleada en notoriedad a corto plazo a cualquier medio y, a través del contenido, puede alcanzar altos niveles de engagement. Pero el mundo digital le va comiendo terreno, sobre todo en lo que se refiere a ‘engagement’, aunque también en notoriedad, no de manera inmediata, pero cada vez más a un plazo menos largo.
Hoy en ondacro.com hablamos con Arturo Larrainzarque es el Director de Estrategia de Atresmedia y con el que vamos a reflexionar precisamente de este tema y de cómo la televisión se tiene que ir adaptando a un mundo digital.
Reconocerlo; cuando pensáis en branded content… ¿visualizáis mentalmente un vídeo? ¿Sentís la tentación compulsiva de darle al play? ¿Instintivamente subís el volumen? Lo sabía. Yo también, para que nos vamos a engañar.
Si es que el contenido audiovisual es el Messi del branded content; esto lo saben hasta los madridistas. Ningún otro formato permite tanto lucimiento a una marca, conecta mejor, transmite con más fuerza, genera tanto recuerdo como el vídeo. ¿Cómo era aquello de “lo que se lee se olvida; lo que se ve, se recuerda; lo que se experimenta, se aprende«? Una gran frase. No sé quién la escribió, se me ha olvidado; será porque estaba escrito… Pero de una cosa estoy seguro; no era un escritor.
El hecho es que todas las marcas deberían apostar por construir su marca y posicionamiento a través del contenido audiovisual, bien sea nativo digital o emitido desde TV. El vídeo es fundamental en cualquier estrategia de contenidos de marca; es el esqueleto, los cimientos, el plató desde el que lanzamos nuestro mensaje directamente a la mente e imaginación de nuestra audiencia. Nos garantiza – como poco – el AI del AIDA; es el mejor medio para captar la atención y nos ayuda a despertar el interés.
Hoy Colossus, al que muchos conocen como Furby, reflexiona sobre el mundo del misterio, lo imposible y lo paranormal desde su experiencia directa, bien como creador, como entusiasta de la ficción audiovisual o como simple testigo. Sí, sí… testigo.
Esta afición se potenció durante su etapa como artista en varios proyectos colectivos de media art que recorrieron medio mundo: edificios transformados en enormes instrumentos musicales interactivos, público enloquecido disfrutando de superpoderes o espectáculos de proyección y sonido en tiempo real que se vivían como auténticos conciertos.
Uno de los principios constructivos de una historia clásica son: disponer de un personaje -y dotarlo de capas de personalidad-, proveerle un contexto con tensión, provocarle alguna disrupción externa o interna para crear un conflicto, contraponerle una fuerza antagónica y darle un final restaurador -o semi restaurador o anti restaurador que hoy está de moda-.
En los finales de las historias lineales de estructura clásica persisten los cierres con un previo punto de giro sorpresivo y a posteriori una explicación que viene a revelar la lógica de los hechos que el espectador no pudo o no supo interpretar en su momento.
Aquella información de fondo que desconocíamos en convergencia con su revelación es en el clímax de la historia cuando expone su sentido más fuerte. Es la sorpresa seguida de la lógica: el final ¡Oh! ¡Ah!
A finales del pasado año la IAB decidió el cambio en la denominación de la que hasta ese momento fue Comisión de Radio Online para adoptar su nueva identificación de Comisión de Audio Online, un cambio no ausente de cierta polémica.
Por una parte, se ha explicado que este cambio obedece a las denominaciones que de forma global están adquiriendo estos equipos en las diferentes sedes de IAB a lo largo del mundo. Así como otras organizaciones o empresas de servicios afines, que también están empezando a adoptar esta nueva titulación para denominar a sus servicios en el campo del “audio”.
Esto que parece un cambio menor, un simple baile de términos, que forma parte de la gestión interna de una organización, sobre el que poco tenemos que decir, podría no serlo tanto, pues declara la forma de concebir una actividad, la de Radio o Audio On line, y por tanto puede resultar de gran trascendencia en el mundo digital. Sigue leyendo →