Charlas En Pijama

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A veces un perfecto desconocido es el que puede soltar las mayores cargas de profundidad para tu mente. Desde su distancia, sin tener nada que perder o ganar. Ese ser anónimo, que en realidad nunca no lo es, ese que se relaciona contigo en segundo, tercer, o cuarto grado de separación, es el que de pronto puede darte una sencilla opinión que cambiará tu forma de ver ese problema que te mina el día a día.

Corría la primera semana de octubre de 2016 y un importante y traumático desengaño amoroso con su consecuente cambio de domicilio ocupaba mis días desde la mañana hasta el ocaso. Ah, la noche. Ese momento en el que no quieres ver a nadie, no quieres seguir hablando de ello, pero necesitas el aire fresco de una conversación que no tenga nada que ver, con quién no tienes nada que ver. No es una huída, es recordarte que el Universo es Infinito y el mundo, casi. Es, en el fondo, un acto de amor inconsciente. Una búsqueda de conexión a un nivel diferente y muy sanador. 

Con la sensación del solista que se lanza desde el escenario sabiendo que el público le va a sostener, enciendo la cámara de mi móvil y me dispongo a charlar. A las 22:30 de la noche. Voy cómodo, claro. ¿Vestirme? ¿Para qué? Con toda la intención dejé que el pijama fuera un elemento claro de apertura, cotidiano, de cercanía, y honestidad brutal. Y se me ocurre llamarlo “Charlas en Pijama”, para despejar dudas sobre el contenido. 

Ese primer día en el que sencillamente contesté a más de un fan despistado que no sabía si seguía como prescriptor publicitario en Carrusel Deportivo, o había vuelto a Los 40 o a “Hoy por Hoy” se juntaron alrededor del fuego imaginario de mi hogar unas tres mil personas, la mayoría de ellas en diferido. Sí, la charla comenzó con la radio, pero acabó por otros derroteros mucho más profundos, entrañables, e interesantes.

Aquí entra la innovación audiovisual y la sorpresa. Esto nace desde un grupo de chalados en pijama hasta… no se sabe bien dónde. Es algo construido desde abajo hacia arriba. Yo, acostumbrado a hablar de arriba a abajo, a estar siempre en medios líderes, con audiencias millonarias, prescribiendo mensajes de marcas premium en cada sector, me asombra el grado de enganche de una simple charla en pijama desde mi perfil personal en Facebook. Cada uno de los más de 200 o 300 comentarios de cada noche contiene una pequeña perla. Pensada y enviada por alguien que también desea comunicar. Y todo esto explora además el humilde mundo transmedia de que una pequeña emisora de radio libre de derechos como LIBRE FM emite el audio en directo de los programas. Sin límites ni control.

Han pasado decenas de programas. Sí, programas. Porque desde el momento en el que se programa, ya lo es. Comencé encendiendo el móvil y contestando a unos y a otros mientras leía la pantalla del iphone, con mi sofá de fondo. Ahora me lanzo a “realizar” con un pequeño freeware, y la casa es otra. A veces en el salón, a veces en el dormitorio, y a veces en la cocina, que siempre es un buen lugar para comunicarse. Sobre todo, si es una fiesta de pijamas.

Una party multicentro (cada casa lo es) en la que los temas de conversación nos hacen reír (“Juanma, no puedo besarla, ¡tiene bigote!”) o llorar (“dejé mi país para venirme junto a un hombre casi totalmente discapacitado”). Nos hacen imaginar un mundo mejor (colaborando para combatir la ablación) y a veces dejamos “un espacio deliberadamente en blanco” para recapacitar sobre lo último que se ha dicho. Seguramente porque contiene una pequeña “perla” de sabiduría que conviene subrayar. Y el día que decidí abandonar por una edición el mundo virtual y llevarlo a lo físico, se me llenó un bar de Malasaña de personas que habían venido en pijama. Desde Madrid, sí, pero también desde Zaragoza, Sevilla, o Valencia.

He podido invitar y que estuvieran junto a mí, ataviados con traje de noche, un conocido psicólogo desmitificando el enamoramiento, a la presentadora de un canal de televenta explicando su alter ego como mística, a un campeón de artes marciales con dislexia que ha escrito un libro de mejoramiento personal, una actriz echando cartas que revelan tus valores o a una experta terapeuta que con unas curiosas gafas es capaz de desensibilizar a personas con traumas importantes, entre otros. La desensibilizadora hizo experimentos conmigo en directo, sin red de seguridad. Y funciona.

Todo con buen ánimo. Mi toque personal desde siempre. Nada lánguido. No es necesario reír siempre, ni llorar siempre. Hay momentos de reflexión y momentos de consultorio. Cada uno cuenta su caso, y muchos aportamos nuestro punto de vista. Incorporamos encuestas en directo para conocer el comodín del público. Eso sí, me alejo totalmente del ritmo lento e intimista de los típicos programas de noche en la radio (“Hablar por Hablar”, etc.). Aquí no paran los comentarios mientras voy leyendo los mensajes, las consultas a las que todo el mundo da respuesta, o vemos los vídeos y fotografías que mandan los verdaderos protagonistas: los observadores, militantes, implicados al 100% con el proyecto desde el principio. A los dos días de comenzar ya la comunidad había acuñado nuevo término para añadir al diccionario: pijuanmático/a” 
 He llegado a tener la sensación de que muchas de las cosas que hecho en la radio aquí cobran sentido. Cuando me encargaba del resumen diario de «Hoy por Hoy», el programa de la Cadena SER, lo que más me gustaba y menos me costaba hacer era encontrar el giro que relacionara invitados, secciones, y contenidos en general. Ahora me ocurre con las aportaciones de los que me mandan su foto, su texto, o su vídeo.

Sí. Varias personas, embutidas en sus cómodos pijamas, ya se han atrevido a grabarse en vídeo contando alguna experiencia que enseñe algo, que sirva para pensar, que haga un poquito mejor al mundo. Porque a fin de cuentas ese es el fin último del espacio: conseguir un lugar global mejor en el que vivir. Y siempre con la modestia de algo que de momento no sale de mi perfil personal en una red social, pero con la extraña convicción de que acabará llenando algún auditorio. O no. 

A saber. Esto va así. Nunca se sabe.

Inteligencia artificial, dime qué ver.

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Gentileza foto portada Fundación Telefónica

La semana pasada realizamos nuestro foro número 12 de Innovación Audiovisual dedicado al ‘Machine learning’. El resultado, casi dos horas de intenso debate y una clase magistral de los ponentes. Aquí os resumo algunos de los puntos destacados de la jornada, cuyos invitados fueron: Berni Melero (Chief Interactive Officer Buaala), Manuel Aldana (Gerente de Contenidos Plataforma en Movistar+), Elena Neira (Consultora La otra pantalla), Francisco Asensi (Chief Content & Business Innovation Tarkinia) y Eva Patricia Fernández (productora en Creta Producciones y profesora en URJC). Moderó el foro Eduardo Prádanos (CEO agencia FLUOR y fundador Innovación Audiovisual).
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A vueltas con la comunicación

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El actual panorama de la comunicación es sumamente complejo en el que se produce una situación de mezcla de contradicciones y paradojas, donde se relaciona la innovación y las rutinas más viejas y conocidas. En el mercado se producen nuevas relaciones entre cuatro ámbitos importantes (anunciantes y marcas, consumidores, agencias y medios), siendo éstos en la actualidad los principales referentes de la comunicación. Sigue leyendo

Machine Learning o por qué Superman es colega de Batman

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Amazon, Spotify o Netflix saben que nos gusta mucho que nos recomienden, que somos vagos por naturaleza y que si nos crean una playlist llena de contenidos similares a lo que consumimos habitualmente, entonces seremos fieles para siempre. Esto son los llamados motores de recomendación y si creías que ya lo teníamos claro al hablar de Big data, prepárate para el Machine Learning o la Inteligencia Artificial.

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2 ideas. Sencillas y realizables.

captura-de-pantalla-2017-01-18-a-las-20-29-48Si pudiese montaría dos negocios ahora mismo, así que busco locos que se quieran subir al carro

El primero es muy sencillo, una agencia que solo comercialice productos de Google.

Por una sencilla razón, son el 95% de la actividad de buscadores del mundo y manejan el 17% de la inversión publicitaria mundial. Vamos, que son los amos y no hay nadie que esté superespecializado en esto.

Pero la que más me gustaría lanzar y lo haría ahora mismo sería una productora (de videos & streaming) para su distribución en Facebook (y secundariamente en otros canales Is, Snapchat…) y aquí van varios motivos…

1.- Estamos todos en Facebook (o en Instagram o en Whatsapp)

2.- Si estamos todos, los medios y las marcas obviamente quieren estar con nosotros. los primeros lo están, las segundas quieren estar.

3.- La comunicación es móvil y sobre todo audiovisual y en el móvil Facebook es el rey y en audiovisual….van a serlo.

4.- Facebook ha decidido que a Google le puede quitar parte del pastel, pero sobre todo, es a la teles a quién más les puede hacer pupa… y de ahí todos los movimientos que los últimos tiempos mejor le están funcionando. (Video en Nativo & Live principalmente)

5.- El tiempo real cruzado con las comunidades son una de las combinaciones perfectas. Pero si no se combinan también funciona, Tiempo real y comunidades…por separado.

6.- El mundo de los derechos en Facebook está por explotar y no es ninguna tontería.

7.- Tienen las aplicaciones con mayor índice de actualización de nuestros teléfonos, las más robustas e innovadoras.

8.- Han hecho que retransmitir algo extraordinario esté al alcance del talento y no de las grandes estructuras.

9.- Es una red, quizá la red más perfecta de internet…aunque me pese.

10.- Y para las marcas….tienen casi todo por hacer en este mundo que muchos quieren matar…y que está muy vivo.

Y si no te gustan estas ideas…tengo otras.

@agallo

“Tarde para la ira”. Bea Bodegas y el storytelling detrás de la película

Hace poco más de 48 horas que una película de presupuesto discreto se alzó como la favorita de los Premios Forqué que concede EGEDA (Entidad de Gestión de los Productores Audiovisuales), para muchos el premio más importante de nuestra industria. Pasó por delante de grandes obras, en el otro extremo de los dineros y las taquillas. Competía nada menos que con ‘Un monstruo viene a verme’, ‘El hombre de las mil caras’, ‘Que Dios nos perdone’, ‘Julieta’ y ‘1998. Los últimos de Filipinas’. El premio se lo llevó Bea Bodegas con su productora La Canica Films. Ah, ¿Qué no os lo había contado? Ella es la mujer detrás del título, la productora, la impulsora de un storytelling implacable que ha convertido una opera prima en un fenómeno que, según los augures, se consagrará en los Goya del próximo 4 de febrero, en los que parte con 11 candidaturas.

He querido dedicar esta reflexión a ‘Tarde para la ira’ y a Bea Bodegas porque tuve el privilegio de vivir a su lado el triunfo, de conocer detalles de la producción, de ver cómo su nombre ni siquiera aparece en la mayoría de los pies de foto que la retratan con el equipo. Y sin embargo, lo que sucedió en Sevilla la noche del sábado 14, se debe en gran parte a ella y a su capacidad para crear un entramado fascinante que convirtió en virtudes lo que parecían defectos y en oportunidades lo que se anunciaba como fracaso.

¿Cómo ha llegado ‘Tarde para la ira’ hasta aquí? Sigue leyendo

“Posverdad, mentira y liquidez”

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El pasado mes de noviembre tuvo lugar el primer foro de Innovación audiovisual que se celebraba en Barcelona.
El plato fuerte de la sesión (además hacer público que nos constituimos como asociación) fue una serie de diálogos abiertos entre un miembro de IA y una persona “ajena al sector”. Entiéndase que los perfiles de los miembros que firmamos este blog son muy variados, y que existen muchas profesiones que, perteneciendo a otros campos, entrecruzan sus caminos con el nuestro. (Son tiempos líquidos, con el permiso de Zygmunt Bauman, en paz descanse). En cualquier caso, la intención era clara: ofrecer al público asistente una reflexión diferente sobre las cuestiones que habitualmente tratamos, aportando nueva luz de un modo distendido.
Tuve el placer de romper el hielo entrevistando a Mando Liussi (@mandomando), gran profesional, excelente conversador y mente lúcida donde las haya.
La necesaria brevedad del encuentro hizo que pasáramos por encima de muchos temas que se merecen la suficiente atención como para volver sobre ellos.
De todo lo que allí se habló, tal vez el asunto de mayor actualidad sea el de la posverdad, concepto elegido por el Oxford Dictionary como palabra del año 2106, y término del que nos cansaremos de oír hablar antes de que finalice este 2017.

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Una vieja definición explica que “moda es lo que pronto pasa de moda”. Sea porque hemos hecho extensiva la definición a otros aspectos de la vida, sea por el hábito que hemos adquirido de demandar nuevos estímulos continuamente, sea porque alguien quiere hacerse con el título de creador del concepto más novedoso del momento o sea porque ciertas palabras poseen una viralidad incontenible, el concepto de posverdad nos acompaña desde hace algún tiempo, impregnando titulares, noticias, comentarios y todo aquello con lo que se cruce.
Periodistas y tertulianos lo han adoptado, y parece irremediable que su presencia habitual nos lleve a no plantearnos qué quiere decir. Sí, la cotidianeidad tiene estas cosas: confundimos la proximidad con el conocimiento.
No le demos más vueltas, posverdad es un eufemismo. Y entiéndase bien: un eufemismo mojigato y malintencionado.
Desgraciadamente, no es un caso único. ¿Qué decir de la expresión “políticamente correcto”? O del insultante (para el que lo escucha o lee) “encausado” que ha venido a sustituir a “imputado”, para que nadie se sienta herido (entre los que se sienten en el banquillo).

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Si esos términos se imponen es, entre otras cosas, porque son un reflejo de los tiempos que vivimos.
La etimología de las palabras ya no cuenta para nada. Sin ir más lejos, “políticamente correcto”, que se remonta al siglo XVIII (y que posteriormente haría suyo el Marxismo-leninismo), no se aplicaba del mismo modo en que se hace hoy en día. Olvidada durante un tiempo, la expresión reapareció con un significado ligeramente diferente. Ya no era una simple etiqueta: era una manera de hacer y decir las cosas y, sobre todo, era un veto.
Ahora se considera inaceptable “llamar a las cosas por su nombre”. Dicho de otro modo: no se puede hablar claro porque la claridad, más que comprensible, resulta ofensiva.
Pero… ¿Por qué? Pues bien, porque aún tenemos un resquicio de consciencia que nos recuerda lo que fuimos, lo que queríamos ser, lo que soñamos y por lo que luchamos (nosotros y nuestros ancestros).
Pero tranquilos, eso es fácil de solucionar. Sólo tenemos que darles el suficiente tiempo y recursos y los que obtendrán beneficios de nuestro olvido y estupidez se harán cargo de la situación. Fantástico, ¿no? No más preocupaciones, obligaciones, responsabilidades…

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Creedme o no, pero cuando Aristóteles dijo aquello de que “es más importante ser verosímil que ser cierto”, no existía Internet, ni la posverdad ni se habían formulado las teorías de la complejidad . (Me remito un post que escribí en este mismo blog hace unos meses).
Tampoco existían periódicos en aquella época, y lo de “contrastar la información”, por muy vital que fuera, no creo que figurara en el código deontológico de nadie. Veinticinco siglos después, no sólo vivimos en la era de la inmediatez, también es la era de la estupidez.
Como suelo decir, no quiero que se me malinterprete. No es nostalgia: en todas la épocas se ha manipulado la opinión pública (de un modo u otro, con mayor o menor fortuna). Hoy la tecnología que utilizamos es digital, especialmente representada por Internet. ¿Le vamos a echar la culpa de todo?
¡Qué tentador! Pero no. Permítaseme ser políticamente incorrecto: “La vida, la verdad, es a veces poco consecuente con las estadísticas y menos con los cuentos que pretendidos gurús nos intentan inculcar”.

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La posverdad no es más que una manera ridícula y políticamente bien pensante de decir: “tengo miedo”. O debería decir: otros dieron sus vida para que yo, sin levantar mi culo del sofá, tenga derecho a voto, a una sanidad pública y a otras muchas cosas. La posverdad es la historia que otros (los que se aprovechan) hacen el viaje en mi nombre. Una mordaza que no me enmudece, sino que me convierte en altavoz de mis opresores.
La posverdad, antes repudiada y llamada mentira, a día de hoy se alza y reclama su validez (al fin y al cabo ha sufragado los gastos de la operación “limpieza de cara”). Si queremos tener la conciencia tranquila, ¿qué es más importante? ¿Tener la verdad o la versión pública-oficial? ¿Y si queremos tener el bolsillo lleno? Es una pregunta retórica, claro. La respuesta nos la dará cualquier banco.
¿Qué necesito para ser creíble? ¡Fluidez, fluidez, fluidez!
En conclusión: no podemos fiarnos de todo, y mucho menos de lo que nuestros sentidos nos dicen. Como apuntaba al inicio, vivimos tiempos en los que todo, absolutamente todo, es líquido. Incluso el agua. O eso dicen.

(NOTA: todas las imágenes de este artículo han sido extraídas de la red. Autoría desconocida).

El año de la IA

Imagen de la película Inteligencia Artifical

La ilustración, de la peli de Spielberg. Dos horas y media de uncanny valley

(Y no me refiero a Innovación Audiovisual, pero también… )

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La gran fiesta de las audiencias

Sí, así es, no sé si todos fuisteis conscientes pero el 21 de diciembre las dos cadenas privadas de mayor repercusión, Antena 3 y  Telecinco, y sus grupos correspondientes Atresmedia vs Mediaset, cerraron la temporada del 2016 dándonos espectáculo en lo que para mí fue la gran fiesta (a la vez que gran batalla) de las audiencias.

La gala final del talent show La Voz 2016 vs el capítulo final de temporada y final de la serie Velvet.

Hacía tiempo que no había una lucha tan estrecha por la audiencia entre dos productos. Cada ejército jugó sus cartas en esta dura batalla. Tengo que decir que aunque yo estaba en el bando contrario es cierto que el ejército que más apostó fue el de Atresmedia. Fundamentalmente supieron estirar el producto, añadiendo un capítulo complementario sin seguir la trama,  para competir directamente con la final de La Voz con su capítulo final y tuvo el riesgo de emitir 16 minutos de serie en riguroso directo, no es algo innovador en el hecho pero si en el despliegue técnico y poco visto en la ficción  nacional. Además de rodear esta emisión de una gran expectación con grandes campañas de promoción y eventos varios.

Finalmente, Antena 3 logró imponerse en el prime time con 4.302.000 espectadores y un 26,2% de share. En Telecinco, la final de La Voz cosechó un 22,6% de cuota de pantalla y 3.057.000 seguidores. Que tampoco está nada mal….

El ganador de esta batalla, sobre todo, el espectador…

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Si el contenido es el Rey y el contexto es Dios, la experiencia es la Reina

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Desde que Bill Gates publicara en enero de 1996 el célebre artículo “El contenido es el rey” han pasado más de 20 años y este mantra que tanto nos ha taladrado en cientos de ponencias sigue estando vigente. Lo curioso es que de esto se diera cuenta un tipo que se ha convertido en la mayor fortuna del mundo (con permiso de Amancio Ortega) creando aparatos y tecleando 1 y 0. En estos años no solo se ha cumplido esta predicción suya (entre muchas de las que hizo), sino que nos hemos encontrado un crecimiento exponencial de los contenidos gracias a la globalización, la consolidación de Internet y, por supuesto, la aparición de los smartphones y todas esas maquinitas que que cada día usamos para escribir, fotografiar, captar vídeo o audio o un sinfín de acciones.

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