Probablemente habréís escuchado alguna vez que “en el mundo de la televisión ya está todo inventado”. Lo han afirmado ilustres profetas del audiovisual como Chicho Ibáñez Serrador o Carlos Navarro, “El Yoyas”, entre otros.
Recuerdo que tal cosa ya se afirmaba en el sector durante los años 90. Y luego llegaron los “reality shows” y, para bien o para mal, lo pusieron todo patas arriba, como debe ser. El 20 de julio del año 2000 (sí, hace ya 14 años) se emitió el último programa de la primera edición de Gran Hermano y alcanzó unos datos de audiencia apabullantes: un 70,8 de cuota de pantalla con 9.105.000 espectadores. Cifras sólo al alcance de contenidos de excepcional interés como la reciente final del Mundial de Futbol en Brasil con un 64,9% y 10.693.000 espectadores.
Actualmente disponemos de unos medios y una tecnología que nos podrían ayudar a reinventar de nuevo la televisión y hacerla muy distinta a como la conocemos: más completa, más social, más interactiva. Pero ¿estamos aprovechando esta oportunidad?


