Hace ya mas de una década que todos aquellos que hemos estado inmersos en este mundo de la tecnología, de las comunicaciones, de la tan nombrada era de la información y de la revolución digital, visualizábamos entusiasmados un cambio futurista en todas nuestras áreas de desempeño.
En aquella época vislumbrábamos un gran beneficio en la libre información que traería consigo el desarrollo de habilidades, actitudes y conocimientos de una forma jamás pensada a través de la tecnología, imaginando que todo esto contribuiría en la formación de sociedades mas integradas, mas inteligentes y sobre todo mas conscientes.
Las historias de cada individuo pasarían de ser meramente sueños a volverse realidades utilizando una cascada de herramientas en la palma de la mano.
Con gran ilusión pensábamos en las enormes posibilidades que poco a poco aparecían a nuestro alcance integrando todos nuestros sentidos para habitar en un mundo virtual que de un momento a otro se poblaba con integrantes de todo el globo terráqueo.
Al día de hoy, prácticamente el mundo entero vive en esta realidad virtual. Hoy todo aquello forma parte de nuestra vida cotidiana. ¿Quién no utiliza el Whatsapp, el Facebook o el Snapshat? La cantidad de herramientas es rica y a al vez abrumadora. La industria entera genera recursos a la velocidad de la luz. Para todo lo que deseamos encontramos una «App».

Pero ¿Qué ha sucedido con ese futuro imaginado? ¿Qué hay de esa colectividad, de los proyectos compartidos y de la conciencia colectiva? Sigue leyendo








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