Televisión programática: ¿el futuro de la publicidad? Mi personal recorrido por la publicidad en televisión.

Classic Film

Como es evidente no soy de la generación Truman,  ni de la Z, ni de la X, ni de la Y (aunque a esta última casi llego por los pelos). No soy de ninguna generación con letras. Aunque me cueste reconocerlo soy de generación con números. Finales de los 60 para ser exactos.

Como la mayoría de los de mi generación me crie con la televisión. Soy ávida consumidora de contenidos de  televisión y mi consumo de televisión hasta hace muy poco era de televisión convencional, tanto generalista como de pago.

Como tal consumidora y debido a que no existía mando a distancia, ni se necesitaba ya que  realmente no existía una oferta de televisión que te impulsara a hacer zapping, consumía los anuncios como un contenido más de televisión. Todavía tengo en mi memoria canciones de anuncios que se han quedado en mi disco duro y que puedo cantar como si los estuviera viendo hoy mismo.

La publicidad era un contenido más y un contenido que entretenía.

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¡Adiós carátula de DVD! ¡Hola uso dinámico de imagen! Así nos vende Netflix su catálogo

Los videoclubs on line, al inicio de su actividad, siguieron la organización visual de sus colegas físicos. La oferta se desplegaba en sucesivas páginas de scroll infinito, en las que aparecían las carátulas de DVD de los contenidos que formaban parte de su catálogo. En la mayoría de los casos, se trataba de adaptaciones de los carteles que meses antes habían transitado por los cines. Así se aprovechaba el recuerdo de una composición determinada en la mente del público, creado gracias a la potencia promocional del estreno en salas.

Interfaz Netflix España. Fuente: netflix.com/es

Interfaz Netflix España. Fuente: netflix.com/es

Los usuarios con cierta antigüedad como clientes de Netflix se habrán dado cuenta del progresivo abandono de las tradicionales portadas de DVD en su interfaz. Y también de la frecuencia con la que las imágenes de visualización (así como su ubicación y orientación) cambian con cada sesión. En general, el nuevo look&feel es más desenfadado. No es casual. Es el resultado de un proceso, parte humano, parte informático, que pretende mejorar las posibilidades de que cada cliente seleccione producto de manera rápida y satisfactoria. En la práctica se traduce en algo tan sencillo (y a la vez complejo) como destacar aquellos elementos gráficos con mayor potencial para formalizar la decisión de ver un contenido en particular. Por cada estímulo visual efectivo que derive en una reproducción, aumenta el engagement del cliente con el servicio. Estamos, por tanto, ante un nuevo ejemplo de las ventajas que le reporta a Netflix incorporar el Big Data al proceso creativo, (o cómo utilizar la tecnología para tomar las decisiones correctas, como contaba Eva Patricia Fernández en este mismo blog).

Lo explica Nick Nelson en The power of a picture. Netflix lleva años optimizando la plataforma para conseguir transmitir su particular concepto de producto con una imagen. De nuevo, por una cuestión de eficiencia. Saben que el usuario dedica un promedio de 90 segundos a decidir qué ver. Y que la imagen la procesará más rápido que cualquier texto o reclamo comercial (en 13 milisegundos, según las más recientes investigaciones del MIT). A mayor conexión de la imagen con la audiencia,  mejores estadísticas de reproducción y, por extensión, más fidelización de su base de suscriptores. Todo guarda relación con su ya conocida filosofía empresarial de personalización. Si una sola imagen (la del DVD) no le permitía comunicar bien las características del producto a toda su audiencia potencial ¿por qué no usar varias?

Así funciona el proceso.

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LA GENERACIÓN DEL MILENIO

LA GENERACIÓN DEL MILENIO.

Había una vez uno de Bilbao que se encuentra con un amigo por la calle y el amigo le dice:

-Hombre Patxi cuanto tiempo sin verte, y ¿como tú por aquí?.

Y Patxi responde:

-Pues que vengo de subir a Artxanda, dando un paseo joder.

-¿Y como así?

-Pués para ver cómo está Bilbao sin mí.

Nunca entendí si este chiste alude a la necesidad de alejarse para mirar las cosas con distancia y desde ahí llegar a una visión más sabia, si se trata de un alarde a uno mismo, o simplemente es una metáfora sobre dentro, fuera, arriba, abajo, al estilo Barrio Sésamo. Con relación a esta última posibilidad los estudios más recientes revelan que el consumidor declara que podría prescindir del 80% de las marcas que operan en el mercado sin ninguna dificultad.

Vivimos tiempos de cambio…

Es una obviedad decir que estamos viviendo en tiempos de cambio, de grandes transformaciones, a un ritmo de vértigo, como nunca antes. Realmente no son tiempos de cambio, el cambio es el tiempo.

Parece que de repente nos hemos dado cuenta de que la realidad, es vivir en el cambio constante. Sigue leyendo

Dame un “me gusta” y te regalo un alfiler

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A Aurora le llamaba tanto la atención la rueca que no pudo evitar acercar la mano hasta pincharse el dedo con el huso. Luego se quedó 100 años dormida.

 

La historia tiene forma de círculo y comienza el día que te conectas a Internet y ves algo que te gusta, te pilla por sorpresa y quieres contar a los demás. Eso, continúa contigo ya para siempre, porque tú te has convertido en el usuario y has pinchado en el dato. Es un “clic” sencillo que lleva pegada mucha información, son los datos y metadatos. Y también los secretos.

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Humanismo Digital

 

Es curioso que en una era plenamente tecnológica, sean las humanidades las que cobren más sentido que nunca. En un mundo en el que la base es el conocimiento científico, tenemos que saber interpretar los datos.  Interpretarlos aplicando la ciencia deductiva, interpretarlos con empatía, interpretarlos con filosofía… para conocer mejor el comportamiento del target, para comprender al consumidor, para hacer un producto mejor. Un producto que escucha.

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Nos hemos vuelto locos por los números. De repente, y con la aparición de Internet, sabemos (y a ciencia cierta) muchos datos que antes ni siquiera nos importaban. Y que ahora no sólo nos importan, sino que nos obsesionan. Ahora tenemos un trillón de datos que no sabemos interpretar más allá del dato estático: 4.000 personas se conectaron aquí, 1.000 de likes en una publicación… ¿y qué?

El análisis del big data necesita científicos que lo entiendan y humanistas que los interpreten. En el año 2020 y según un estudio de Gartner, se calcula que habrá una media de seis dispositivos inteligentes por cada humano en el planeta. Seis dispositivos con los que interactuar. Seis dispositivos de los que extraer información. Una información que hay que procesar, que hay que poner en valor… Un valor que va más allá de un KPI, un valor empático y cultural. Un valor que transciende lo numérico. Un valor emocional.

Parece que con todo esto de la tecnología nos estamos olvidando que detrás de esos números, de esos datos y de esa información, hay personas. No somos lo esclavos de la tecnología, no queremos crear una tecnología que supere al ser humano, que nos ponga debajo en la cadena de valor, que dicte los objetivos y la estrategia. Los humanos tenemos algo que la tecnología nunca va a tener: vida.

Según el último estudio de Gartner, el Humanismo digital es el reconocimiento de que los negocios digitales giran alrededor de personas, no entorno a la tecnología. Los líderes que reconozcan que los negocios digitales se construyen a través del valor de las personas, verán como las capacidades de sus trabajadores mejoran y  se traducen en una mejora del producto, servicio o incluso del mercado. Esta visión, contrasta con la visión Maquinista, que pone a la tecnología en el centro de la ecuación, y que, por lo tanto, se centra en la creencia de que el valor real de la tecnología es permitir a la gente pasar menos tiempo en tareas mundanas, repetitivas e ineficientes.

Para entender mejor este nuevo perfil, se ha creado un manifiesto, que recoge los 3 puntos principales de esta aproximación:

  1. Pon a las personas en el centro. Cualquier diseño debe centrarse en las personas, y debe empezar observando a las mismas, porque es posible que no sepan articular sus requerimientos. Debe centrarse en las personas a través de la observación.
  2. Abraza la imprevisibilidad. Las organizaciones deben abrazar el descubrimiento casual de cómo la tecnología puede ser usada para las necesidades humanas. No sólo deben abrazarlo, sino que es importante que lo entiendan, y que tengan los recursos y la infraestructura necesarios para su correcta y ágil implementación.
  3. Respeta la privacidad. Hay que tener en cuenta y saber comunicar las políticas de privacidad, y respetarlas. Pero no sólo eso. También hace falta un trabajo de educación a la sociedad, para que no perciba el análisis de datos como una intrusión directa a su intimidad, como una amenaza en lugar de como una oportunidad.

Este nuevo perfil de humanista, tiene que tener más conocimientos de base tecnológica, y estar dispuesto a trabajar con datos, con datos científicos. También tiene que saber aplicar la ciencia deductiva y lógica para recabar la información cultural. Brian Prentice, research vice president en Gartner, opina que “las empresas tienen que trabajar para comprender cómo nuestra humanidad compartida puede definir los sistemas que ellos crean y controlan. Haciendo esto, no solamente ponemos a las personas por encima de la tecnología, sino que provocamos beneficios directos en las empresas, beneficios que no se pueden aportar desde la visión más maquinista.”

La publicidad humanista

A priori, uno de los sectores en los que adquiere más importancia esta visión, es la publicidad. Pero, como siempre, a veces en publicidad se nos olvidan las personas. Necesitamos tener equipos con personas que procedan de disciplinas más humanísticas, para completar los servicios que se le ofrecen a cliente. Para dotarles de un valor que hasta ahora, no tienen.

Los equipos en el sector digital son tan mutables, que los nombres, puestos de trabajo y responsabilidades cambian cada año prácticamente. Proyectando a España esta visión humanista, sin duda, lo primero que tendremos que hacer es incorporar este tipo de perfiles en nuestros entornos de trabajo. Volver a definirnos como sector, volver a definir a los profesionales que lo conforman.

Google, en 2013, ya anunció que centraría sus esfuerzos en fichar a más de 4.000 humanistas en los próximos años… y como no podía ser de otra manera, han sido de los primeros en formar equipos mixtos de los dos grandes grupos de conocimiento: el científico y el humanista, aportando nuevas soluciones a sus productos.

Pero como en todo, Google sólo es el pionero, quién marca una tendencia que el mundo sigue, aunque tarde… Si esta visión llegar a las agencias de publicidad y tuvieran la capacidad como para implementarla, ¿cómo sería una agencia ideal que abrazara esta nueva corriente?

Para mí, esta agencia tendría que contener los siguientes perfiles

  • Un equipo de analistas
  • Un equipo de estrategas
  • Un equipo de sociólogos y psicólogos
  • Un equipo de creativos y diseñadores
  • Un equipo de productores y cuentas
  • Un equipo de programadores

Y, por supuesto… un equipo de abogados, que aunque estemos hablando de humanidad, también tenemos que estar preparados para  su falta.

Los medios, a la cola en personalización

Los medios, a la cola en personalización

Cada vez pasamos más tiempo al día pegados a una pantalla, sea del tipo y tamaño que sea. La infinita variedad de fuentes de información, los interminables “streams” o ríos de noticias de las redes sociales, todo ello contribuye a que cada día gastemos más tiempo en el consumo de vídeo o de noticias. Al consumir más variedad nos volvemos también más impacientes, queremos sacar el máximo provecho a nuestro tiempo de navegación, encontrar con rapidez contenido que nos sea verdaderamente relevante.

Es en el terreno de la generación de relevancia donde entra la personalización, la capacidad de adaptar los contenidos a los gustos y preferencias de los usuarios, algo de lo que se lleva hablando muchos años y que sin embargo no termina de materializarse. Si hacemos caso a la famosa curva anual de ciclo de sobreexpectación de Gartner (la de 2015 debería publicarse pronto), en ella no se habla en concreto de las tecnologías de personalización, si bien podemos seguramente situarlas en un punto próximo al del Big Data, ya en ese tramo descendente que ellos llaman «abismo de desilusión”. Sigue leyendo

Google+ no despega, pero tampoco se rinde

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La semana pasada Bradley Horowitz -recientemente nombrado responsable del área de desarrollo de Google Plus- anunciaba que la red social ha decidido “pivotar” sobre algunos aspectos polémicos de su estrategia, como  por ejemplo el requisito de disponer de perfil en Google+ para poder usar otros servicios como Youtube o Photos.

En ese mismo post, Horowitz afirma que ahora “Google+ se puede centrar en aquello que viene haciendo bien, conectar a millones de usuarios alrededor de sus intereses preferidos… y aquellos aspectos del producto que no sirvan a este propósito serán abandonados”.

Prueba de ello ha sido el reciente lanzamiento de Google Photos, un producto que no sólo no requiere una cuenta en Google+ si no que además la mayor parte de sus funciones no necesitan de ningún tipo de cuenta. Esto es una clara muestra de que Google está apostando por todas aquellas mejoras que le permitan acercarse más a la audiencia y deshaciéndose de aquellas que no cumplan con este objetivo. Sigue leyendo

Una novela transmedia, un big data casero y un vídeo censurado en Facebook.

Aunque lo parezca, esto no es el título de un capítulo de La que se avecina. Es la historia de cómo levantar “con estas manitas” un proyecto transmedia con la única herramienta de la intuición. Pero antes de empezar, os invito a ver este vídeo. Son sólo 24 segundos, lo prometo.

Este book-trailer es el punto de partida de “Círculos”, la novela que el guionista de cine y tv, Manuel Ríos San Martín (@fantasma), poco convencido de las ofertas que le hacían las editoriales para publicarla, decidió auto editarse y empezar a vivir una experiencia que le ha llevado a un punto que nunca imaginó.

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¿De verdad no te importa lo que se haga con tus datos?

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Desde hace tiempo venimos hablando, opinando y conociendo el mundo inabarcable que nos abre la tecnología para el análisis y utilización de todos nuestros datos. Esos datos ya se entienden en sentido muy amplio y exceden mucho ya de lo personal (DNI, teléfono, dirección postal o de IP o número de la Seguridad Social). La tecnología disponible explora dimensiones mucho más íntimas de nuestra vida, como deseos, problemas, enfermedades, amistades y enemistades, preferencias y anhelos, ambiciones, y desde luego nuestra localización casi de manera permanente.

Cuando, hace algunos años, empezaban todas estas cosas a pulular por nuestro espectro de información, algunos llegamos a pensar que eso podía tener muchas cosas positivas: “Podré saber donde están mis hijos al instante y controlar sus amistades”, “si me roban el coche lo encontraré en un plis” “ las mejores ofertas en la pizzería más cercana son mías ya!”… Sigue leyendo

2015, cuando las TIC desmontan la educación

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Quizás sea el año en que casi todos los profesionales han asumido que hay que tener una cuenta en Twitter y un perfil de linkedin y…. Luego está saber qué hacer con esos perfiles, porque muchos de ellos se quedan estáticos, somnolientos, en letargo. Es un problema de no ver la utilidad de estas herramientas tecnológicas, y es que hay cosas que no se pueden forzar. Y también es un problema de formación y de actitud: formación en nuevas tecnologías y actitud proclive al cambio.

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