X, Y y Z.

Como decíamos ayer, andamos a vueltas con la Generación Conectada y con -lo que casi parece más importante- qué nombre ponerle. Es un debate que, personalmente, creo que se lleva intencionadamente al paroxismo para amplificar el vértigo de esta constante cambiante en la comunicación comercial de nuestros días que, además de ayudar a inspirar artículos y post diversos, también ayuda a vender revistas, libros y manuales varios.

En fin, siento ser batallitas* pero a mí me produce una sensación de eterno retorno; y creo que los manidísimos millenials, por ejemplo, son, salvando las distancias -tecnológicas y/o sociales, que son casi lo mismo- algo muy parecido a lo que la industria del marketing llamaba Gen Next en los años 90′: un contundente punto de inflexión en la masa social, como corresponde a su segmento de población. El nuevo mundo, vaya. 

La pregunta es: ¿hasta qué punto lo que fue Generación X, y después Generación Y, y ahora Generación Z, es meramente una cuestión de estar adscrito a un clúster de edad?

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Ocho apellidos universitarios… de ocio y entretenimiento audiovisual

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Pocas celebraciones concitan a lo largo del año un consenso tan sentido y sincero como la Navidad (“nacimiento” en latín), capaz de asociar en torno a su inequívoco significado religioso un sentimiento colectivo de ilusión, esperanza y tolerancia al margen de conmemoraciones o creencias. Del mismo modo, pocas responsabilidades resultan tan gratificantes para un profesor universitario como canalizar la creatividad y el talento de sus alumnos hacia la concepción y desarrollo de proyectos profesionales sobre los que evidenciar su aprendizaje, sean cuales sean los resultados (y calificaciones) conseguidos.

Semejante tarea ya fue objeto de presentación en el post Ocio y entretenimiento audiovisual (recomendable su lectura para contextualizar las siguientes líneas), título de la materia que se disponían a acometer los estudiantes de 4º de Comunicación Audiovisual en la Universidad Pontificia de Salamanca. El punto de partida se concretaba en idénticas premisas a las que debe afrontar cualquier emprendedor: una exposición breve –pero clara– de las características del proyecto que se desarrollaría en la asignatura, tanto en su dimensión conceptual (qué es) como aplicada (cómo se concretará y será consumido por el usuario).

Hacía falta describir la finalidad del proyecto, sus elementos diferenciales, el perfil del destinatario y la relevancia que supondría en el entorno hacia el que estaba destinado. La memoria inicial contemplaba, además, un cronograma de tareas, recursos y plazos, un estudio de mercado con las referencias y competencias del proyecto, y una estimación argumentada sobre la viabilidad técnica y comercial. Y exigía, por último, una “ventana” virtual para su seguimiento público: web, blog, canal de audio/vídeo o perfil en redes sociales.

Dicen que no hay Navidad sin “nacimiento” ni emprendimiento sin logros, así que en un día tan especial como el de hoy, éstos son y aquí están los ocho “apellidos” que los universitarios le han puesto este curso al ocio y entretenimiento audiovisual.

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HIPSTERS 3.0

CarPlay

El otro día me invitaron a una fiesta, como tuitera particular, a la que podía tener acceso gratuito por tener más de «un 60 de Klout».

Independientemente de lo redicho de la frase, por cuya mera enunciación en una comida familiar mi madre me hubiera dado una colleja y me hubiera dicho que hablase como las personas normales, he de reconocer que a mí misma me sonó un poco a chino. Sigue leyendo

Love (and radio) is on the screen

iRadioGuía

Aunque nació en Glasgow (Escocia), emigró a Sydney con su familia siendo un niño y se convirtió a todos los efectos en ciudadano australiano. Acaba de cumplir 74 años y continúa ofreciendo ocasionales conciertos junto a The Allstar Band, pero John Paul Young será para siempre el afamado intérprete de Love is in the air, el tema que publicó en 1977 y con el que un año después se alzó al Top Ten de las listas oficiales de éxitos del Reino Unido y Estados Unidos gracias a una pegadiza melodía y a una no menos repetitiva letra:

Love is in the air, everywhere I look around, love is in the air, every sight and every sound…

Además del rendimiento comercial del single y de las múltiples remezclas y versiones editadas desde entonces, el hit puede presumir de haber sido citado en otra mítica canción de la música de baile de aquella época: la que la norteamericana Donna Summer incluyó en su recopilatorio de grandes éxitos lanzado en 1979 bajo el significativo título de On the Radio:

I never told a soul just how I’ve been feeling about you,
 but they said it really loud
they said it on the air,
 on the radio

La ‘reina del disco’ corregía de esa manera el estribillo de Young: el amor estaba en el aire, sí, pero musicalmente se hacía presente a través de la radio, el medio que hasta la irrupción de Internet había propagado en exclusiva las composiciones del universo pop… y los boletines de noticias, los espacios de entretenimiento, y los de participación, la ficción, las retransmisiones deportivas, la publicidad, las programaciones generalistas y especializadas… Hace un siglo que la radio difunde contenidos a través de las ondas hertzianas (¿probamos Radio is in the air?) con un lenguaje cercano e inmediato pero, al mismo tiempo, fugaz e inaprensible: ¿cómo reconocer lo que se emite por un transistor si el sonido es de naturaleza invisible?

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A Don Draper le gusta Spotify

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Situada a orillas del río Misuri, Omaha es la ciudad más grande del estado norteamericano de Nebraska. Allí nacieron, entre otros ilustres, los actores Marlon Brando y Fred Astaire, el tenista Andy Roddick o el activista Malcom X. También Todd Storz, un intrépido empresario que en 1949 adquirió la emisora local de radio KOWH. Por entonces, su parrilla se basaba en una amplia variedad de espacios, casi todos patrocinados, donde la música apenas presentaba un valor diferencial. Aún faltaban casi diez años para que la agencia de publicidad Sterling Cooper “abriese sus puertas” en la avenida Madison de Nueva York.

A Storz no le apasionaba aquella programación, cuyo encanto perdía fuerza frente a una competencia demasiado homogénea y al atractivo de una televisión que por entonces iniciaba su deslumbrante andadura. Cavilaba una noche sobre posibles alternativas cuando, tomando cerveza en una taberna, reparó en que la ya cotidiana jukebox repetía una y otra vez las mismas canciones, seleccionadas ¡y pagadas! mediante la correspondiente moneda por jóvenes que amenizaban su tiempo de recreo con los incipientes éxitos del rock and roll. Storz se dio cuenta de que podría trasladar a su emisora la misma lógica de programación: la repetición pautada de las canciones más populares del momento. No podía imaginar que aquella ocurrencia significaría el alumbramiento del hoy celebérrimo formato Top 40, así bautizado porque la capacidad estándar de esa ‘caja de música’ era precisamente de 40 discos.

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El futuro de la radio ahora (gracias a lo que se hacía antes)

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Colossus cree firmemente que el éxito masivo y experiencial de la radio pasa por el contenido enriquecido y la estrategia transmedia.

¡ATENCIÓN!

Colossus pide disculpas. Actualmente vive en un bunker natural que le impide la conexión y acceso a Internet salvo en contadas ocasiones y tras una terrible paliza en bicicleta. Esto hace del siguiente post un salto al vacío sin investigación ni contraste que pretende mantener la mecha encendida por Luismi Pedrero respecto a un mass media minusvalorado y del que Colossus quiere reflexionar: la radio. Sigue leyendo

¿Y la pantalla que se oye?

CarPlay

Emulando a Carlos Alsina en el arranque diario de La Brújula, “les voy a decir una cosa”: hasta que sean habituales los vehículos capaces de guiar de manera automatizada nuestros desplazamientos, la única distracción mediática compatible con un conductor responsable –el GPS no cuenta, ni siquiera cuando la voz de la señorita se empeña en circular en dirección prohibida– sigue siendo la del más veterano de los medios audiovisuales: la radio.

Sí, la radio, porque ni la contundente omnipresencia de la imagen ni esos deslumbrantes dispositivos táctiles convertidos en iconos de la era digital han logrado desterrar el que en su día fue denominado medio invisible, altavoz mágico y hasta ¡tambor tribal! La radio, tantas veces condenada ante la efervescente irrupción de nuevos soportes –agoreros Buggles–, y sin embargo tantas veces reinventada para adaptarse a los cambios tecnológicos y sociales, afronta hoy su plena y efectiva transición al entorno multipantalla. Con lentitud. Carente de un marco regulatorio efectivo. Y sin ‘apagón’ hertziano, pese a que el DAB –difusión digital terrestre homóloga a la TDT– es una realidad técnica y jurídica desde hace 15 años.

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