
En muy pocos años, todo nuestro mundo se ha convertido en virtual. Absolutamente todo está en la nube, y parece que si una experiencia no queda reflejada en Facebook, Twitter o Instagram es que no mereció ser vivida o simplemente, no pasó. Podemos acceder a todo a través de nuestro browser o nuestro smartphone. Pero en este periodo vacacional, en el que todos hemos desconectado un poquito de nuestro desaforado enganche virtual, hemos recordado el valor de lo meramente físico. Entendiendo lo físico como aquello que es solamente aquí y ahora, inmediato, interacción directa con el medio que nos rodea. Miradas, abrazos, barbacoas, perfumes, conciertos, olas.
Precisamente, por la hipervalorización de todo lo online, lo físico (lo único que ha estado ahí toda la vida hasta ayer) empieza a revalorizarse. ¿Qué ha pasado con las cartas? Yo siempre fui de escribir extensas cartas o postales. Y todos los días abría el buzón, como un pequeño ritual, para ver qué sorpresas me deparaba. Ya no lo abro, nunca hay nada (por lo menos nada bueno). ¿Recordáis que solíamos reconocer la letra de la gente? ¿Y como olía el pegamento de los sellos? Tenemos que recuperar esos momentos experienciales, únicos e irrepetibles para nuestra audiencia a la hora de contar historias. Sigue leyendo →